martes, enero 13, 2026

Raclette

El otro día te vi
y pensé en la raclette.

¿Te he contado la historia de la raclette?
Supongo que no, porque no es una historia de acción.

Hace muchos años, cuando tenía 18, estuve en París porque mis papás me lo pagaron. Estudiaba francés con gente de todos lados y un día un amigo de Guatemala (que me hablaba de usted) me dijo que quería llevarme a un lugar muy lindo.

Era una taberna pequeña en el Barrio Latino donde vendían raclette.
Nunca en mi vida había visto algo así. Cada mesa tenía medio queso enorme y un mini radiador para derretirlo. No había mucha luz, pero los radiadores iluminaban todo con una luz cálida y tenue, como salida de alguna película.

Mi amigo pidió el queso, una charola de carnes frías, otra de verduritas… y supongo que también hubo vino. Fue una de las mejores comidas de mi vida. Estar ahí, derritiendo queso, comiendo pepinillos, hablando de boberías, riéndonos y derritiendo más queso, fue perfecto.

Al salir, marqué la dirección del lugar en mi mapa. 

Luego regresé de París.
Y nunca más volví.
(Ni a Francia, ni a París, ni a la raclette).

Durante un tiempo pensaba en ella solo por antojo. La recordaba como algo que, si bien ya estaba en mi pasado, seguramente también estaría en mi futuro. La arrogancia de vivir del dinero de otros. Guardé el mapa con la dirección y seguí con mi vida.

El tiempo pasó. Viajé a otros lugares, viví otras cosas. Y un día, frente a un asado uruguayo, feliz, comiéndome la mitad del corazón del borreguito que habían sacrificado, recordé la raclette. No por nostalgia ni por antojo, sino porque noté que estaba otra vez en medio de algo lleno de comida, conversación y alegría. El lugar era otro; la emoción, la misma.

Con el tiempo acepté que habían pasado suficientes años como para asumir que probablemente nunca volvería a probar esa raclette: no sabía si el lugar seguía existiendo, si sabría llegar o si sería igual de buena. Pero también había pasado suficiente tiempo como para entender que algunas cosas no se borran fácilmente. Ese día seguía conmigo, y todos los otros momentos acumulados también.

Desde que acepté eso, pienso en la raclette cada vez que estoy frente a un platillo así de bueno, en un lugar hermoso, con personas que me importan. Lo miro como algo único. Algo que hay que disfrutar con atención y gratitud, porque después solo quedará el recuerdo. Y ese sabor exacto (esa combinación precisa de sensaciones, compañía y emoción) no volverá. Nunca.

Sé que la vida es así con todo. Cada vez que me despido de mis papás sé, aunque no lo diga, que podría ser la última vez. Nunca sabemos qué cosas se repetirán.

Pero pensar en la raclette es distinto. Es aceptar que algunas cosas las viviré una sola vez y que, después, solo las llevaré conmigo como recuerdos. Esa certeza me despierta y me obliga a estar presente: disfrutar el momento sabiendo que no será recurrente y que, justamente por eso, es extrañamente más hermoso. Comer sin prisa, poner atención a los sabores y a la charla, vivir por completo esas horas y luego guardarlas.

Siempre me pasó con la comida; supongo que es lo que más me conmueve en la vida.

O me pasaba, al menos, solo con la comida.
Porque el otro día te vi
y pensé en la raclette.

lunes, enero 12, 2026

Hey

Me gusta que me vean
desnuda,
y me gusta que me lean
honesta.

Me gusta que me toques,
y me gusta que me dejes tocar.

Libertad.

Me gusta tu mirada
que regresa.
Tu cara, tus ojos, tu cabello:
lo que ofrezcas.

Uno de esos

Uno de esos días
en los que la vida gira
en un ángulo importante.
Nunca más seré igual.

No todos se enterarán.
Un buen amigo,
una mejor amiga,
dos o tres amantes.

Una de esas noches
en las que dejo que la vida
me mueva como quiera,
como arenita en la marea.

Uno de esos recuerdos
que guardaré
en mi sonrisa,
en mi mirada,
en mi deseo.

sábado, enero 10, 2026

En otras noticias

En otras noticias, 
olvidé comprar cafe, 
y se me ha terminado el papel encerado.
También creo que te he estado amando. 
Un poquito, desde lejos. 
Más en mi mente que en mi cama.

Supongo tendré que volver al súper. 
El papel no importa tanto, 
pero necesito poder despertar 
y tomar café. 
Bueno, no lo necesito. Lo deseo.
Como a ti.

Quisiera tenerte aquí. 
Para poder dejar de pensar. 
Que llegaras con café bueno 
y ganas de charlar
(igual un pan).

Supongo tendré que volver al súper.
Y capaz, 
algún día, 
admitirte lo que siento.

Más lejos

Lo veo tomar la botella y servirse más, 
no sé cuánto ha tomado hoy 
pero sé cuándo la compró 
y puedo ver lo vacía que está.

Mi quijada se tensa, 
y recuerdo a mi dentista burlándose 
porque cuando me pidió que la relajara 
me parecía una tarea imposible.
Mis dientes están rotos por esto.

Había olvidado estos eventos, 
mi mente los borra una vez que terminan.
Una vez que he llorado. 
Pero supongo no los borra del todo, 
porque puedo predecir lo que sigue.

Me dirá que soy inútil 
o encontrará un recuerdo doloroso. 
Hablará mal de alguien que amo, 
o de mi trabajo.

Me pregunto qué habría pasado 
si en lugar de esto hubiera vivido cariño. 
Cómo se sentiría mis tripas antes de dormir.
Qué clase de hombres habría amado.
Elegido, para mí.

Lo veo agitar su vaso. 
Reconozco el sonido de los hielos, 
lo reconozco de siempre. 
Lo odio desde hace tanto.
Capaz por eso rara vez yo tomo tragos.

Ahí.
Tan lleno de lo que sea que lo llena:
Furia, desdén, miedo. 
Tan contagioso.
Tan egoísta. Perdido. Hiriente.

Cómo iba yo a salir normal 
si fue con ese pulso con el que se hicieron mis costuras, 
esas manos las que bordaron los detalles.

Yo, tan llena de lo que sea que me llena.
Furia, ternura, miedo.
Tan aquí enfrente. 
Cuando, supongo, debería estar más lejos.

viernes, enero 09, 2026

Cuánto

¿Cuánto es demasiado de mí?
Aún no sé medir.

Duda

Me preguntó cuánto tardaré en olvidar esto que duele,
pero nunca sabré la respuesta.
Un día voy a despertar,
de nuevo,
con la memoria masticada.
Con nuestra relación intacta.

jueves, enero 08, 2026

No te soñé

No te he soñado 
pero, cuando me despierto en la madrugada,
me cuento historias en las que te hablo.
Supongo eso cuenta,
como algo.

lunes, enero 05, 2026

De alguien normal

Ayer hablé de ti,
de los silencios que debo permitir.
Del espacio que nos damos,
del tiempo que nos hemos tomado.

Ayer contaba cómo te comería de una,
sin masticar.
Pero que la he llevado tranquila,
como alguien normal,
de poquito a poquito.
Lamiditas nada más.

Toca

Toca mi piel en la madrugada,
cuando no está aquí,
cuando no puedo dormir.

Y se siente real,
lo más real.
Constante.
Impresionante.

domingo, diciembre 14, 2025

13 conejos

Es raro,
la única meta es acomodar conejos,
trece conejos de cerámica
en tu jardín.

No es una metáfora:
es un pequeño ejército
petrificado
en un instante de perfecta coordinación.

Hay otros planes,
claro,
muchos sucios
y bastante sexuales.

Pero la meta.
Son.
Trece conejos de cerámica:
observando,
esperando,
listos para atacar,
congelados en un mismo lugar.

Y es porque trece conejos significan
que nos habremos conocido un año,
que después de un año aún te caigo bien,
que algún nivel de ternura
todavía nos une.

Y que logré
llegar
a un jardín
donde mis ganas
de conejos invasores
son aceptadas.