jueves, abril 30, 2026

Contener

Soñé que había una tormenta,
y a mis pies, una serpiente
de boca grande,
enorme,
desproporcionada.

Durante todo el sueño
tenía que apretarle la boca,
para que no mordiera a mi hijo,
para que no me atacara a mí.

La noche y la lluvia seguían.
La serpiente intentaba defenderse,
era difícil controlarla.

Pero, poco a poco,
su cuerpo cedía,
su carne empezaba a morir,
hasta que solo quedó su esqueleto
y su piel,
amarilla como la mantequilla.

Estaba muerta
en mis manos,

y yo sentía
alivio
y una gran
tristeza.

miércoles, abril 29, 2026

Cuando muera

Cuando muera, 
regresaré como palomillas, 
cientos de ellas. 

No al mismo tiempo, 
no como una plaga. 

Sino, cada tanto, una. 

Girando alrededor de focos,
colándome en tu cuarto. 
Observando, 
desde lejos, 
con cuidado. 

martes, abril 28, 2026

Ese martes

Ese martes me bañé cuatro veces:
la primera, para escurrir los sueños de mi mente.

La segunda, para quitarme el sudor.

La tercera, para desprenderme del día
y ofrecerte una noche fresca.

La cuarta, para borrar los rastros de nosotros; 
volver, oliendo a coco y flores,
a soñar.

Hey, ¿cómo vas?

Hay un silencio oscuro entre nosotros,
con textura de terciopelo.
Caluroso. Incómodo.

Hay un momento
en el que mi última palabra
se quedó esperando tu respuesta.

Y ese momento crece.
Crece cada día.

No encuentra cómo acomodarse.
Suda,
y, aunque ya es grande,
intenta dormir entre mis piernas
para sentir algo de seguridad.

Y no eres el único
que me ha dejado criaturas así para cuidar.

Cosas que no están del todo vivas
y tampoco se van.

Algunas enormes, porosas.
Otras pequeñas, densas.
Algunas condenadas a rejuvenecer
cada que vuelve
y escribe:

hey, ¿cómo vas?

domingo, abril 26, 2026

Un cuarto

Quisiera tener las agallas de decirte que vengas
y me lleves a un cuarto.
El que sea, el que más te guste
o el más cercano.

Un cuarto con cama, regadera, tiempo y espacio.

Tener las agallas de pedir 
explorar más tierras,
probar más almohadas,
intentar algunas siestas.

sábado, abril 25, 2026

Un álbum

Quiero tomar fotos 
de lo que siento cuando veo tus ojos.
Pero solo podría 
tomar fotos de tus ojos 
y, aún así, se me olvida.

Quisiera guardar tus caricias en un álbum, 
para recordarlas bien, 
en un futuro. 
Cuando ya no estés.

Porque mi memoria no es buena, 
y no quiero perder. 

La textura de tus caricias, 
el silencio entre nosotros 
cuando nuestros cuerpos 
aún no se han tocado 
¿Dónde lo guardo?

viernes, abril 24, 2026

Hoy me siento bonita.
Tengo una cerveza 
y un libro,
y toda una noche 
para soñar lo que sea.

martes, abril 21, 2026

Pensando que, tal vez, necesite de ti.

Pensando que, tal vez,
necesite de ti.
Y sabiendo que, 
tardarás en venir.

Sospecho
que te gusta mi piel.

Y tengo claro:
eres de lo mejor
que me ha pasado.

Pero no te lo digo.
Entiendo
que no es necesario.

De aquí a allá
hay la misma distancia
que de allá para acá.
Y aunque esto pasa con todos,
contigo se siente real.

El espacio que dejas
es el espacio que necesito
para acomodar
toda mi intensidad.

viernes, abril 17, 2026

Imagino una paloma blanca

Le creo que me quiere,
estoy segura de que me estima.

Lo pienso
como si una paloma visitara su ventana
cada mañana.
Una de esas cosas lindas,
casuales,
que te maravillan
y te hacen sentir especial
(al menos un rato).

Pero luego el día avanza
y la vida regular se acomoda en él.
Y tanto la mañana
como la paloma
y la ventana
quedan,
relativamente,
olvidadas.

Y se debe emocionar,
supongo,
cuando vuelve a pasar.
Cuando me ve,
toda ahí, parada,
observándolo de nuevo.

Y tal vez, alguna noche,
hable en una cena
de estos encuentros,
o tal vez no.

Pero le creo.

Cajones

Esos futuros tan inciertos
que luego se hicieron pasados
que ya ni recuerdo.

Ojos y ojos y ojos
que miraban
o esquivaban la mirada:
sutiles,
seductores
o tímidos.
Ojos que mi memoria ha perdido.

Y en algún lugar,
algún cajón,
debe haber archivos de pieles,
y pieles, y pieles:
lunares, tatuajes, cicatrices;
lenguas y lenguas,
dedos y dedos.

Lo que sí recuerdo
me es inútil.
¿Qué hago yo con esas noches,
los susurros,
y las sonrisas?

Cajones de penes y penes,
y manos y manos;
cabellos largos
o recién cortados,
espaldas enormes
o delicadas.

Voces que ya no recuerdo,
palabras que se perdieron.
Eran futuros
en algún momento.

miércoles, abril 15, 2026

No me escribe poemas

No me escribe poemas,
pero su cuerpo en mis manos.

No me escribe poemas,
pero el olor de su piel,
la temperatura de su cuerpo,
el color de su cabello.

No iguala mi cantidad de palabras,
pero no pregunta tonterías,
y si lloro,
me abraza.

Y sus abrazos,
sus abrazos son pueblos
en los que podría construirme
un hogar:

con un jardín lleno de conejos,
árboles gigantes,
un lugar
para vivir
y morir en él.

No me escribe poemas,
pero sus ojos,
cuando me miran,
me llevan a orillas de mares
en tardes de brisa.

Y su sonrisa,
cuando se coordina con la mía,
detiene todos mis pensamientos.

No me escribe poemas,
pero es.