Me preguntó
si tenía miedo de perderlo,
y me pidió explicar más.
si tenía miedo de perderlo,
y me pidió explicar más.
Le conté
lo que es vivir con esta mente,
esta mente que acumula personas.
El amor no se va,
ni la idea de ellos.
Mi vida sigue,
pero los cargo,
los llevo.
Nadie que he amado
se ha ido del todo.
Se quedan.
Se convierten en escritos,
pequeños dibujitos,
personajes en mis sueños.
Cuando cocino hablo con ellos,
cuando lloro los escucho.
A veces,
si tengo suerte
(o quizá si no la tengo),
los siento.
Algunas manos aún toman las mías,
o se acurrucan sobre mis piernas.
No se van.
Y ese miedo
es un miedo específico;
prepararme para llevarlo,
cargar con uno particularmente especial.
Saber que, aunque se vaya,
su mirada
me estará esperando
cada que me atreva a despertar.
me estará esperando
cada que me atreva a despertar.