jueves, julio 16, 2026

Ámbar

y no había persona
que yo admirara más
que la señora
que me llevaba del kínder a la casa.

Tenía un camión
que siempre andaba mal.

Antes de llegar,
había que ponerse de pie
y esperar junto a ella.

La palanca de velocidades
quedaba justo
al final del pasillo.

Terminaba
en una esfera de ámbar,
llena de líquido
y brillantina.

Cuando me llevaba a casa,
el sol atravesaba
esa esfera,
se mezclaba con el líquido
y jugaba
con la brillantina.

Todo eso
emocionaba a mi alma.

¿Cómo es posible
que su camión tenga eso?

le preguntaba a mi madre.

¿Así se pide
en la fábrica?

Ella me explicaba
que, seguro,
lo había comprado aparte.
Que ella misma
lo había instalado.

Y yo no entendía
cómo ella era la única
que lo había hecho.
La única
que lo había pensado.

y no había persona
que yo admirara más
que la señora
que me llevaba del kínder
a la casa.

Un amor pequeño

Este amor es lindo.
Fácil de llevar.
Se acomoda
calladito.

No se achica
con los silencios.
Ni se agranda
solo por el calor.

Es resistente.
Y cordial.
Delicado
cuando me despierta.
Tierno
cuando le toca señalar.

Es un amor
lleno de plumas coloridas.
Amorfo.
Curioso.

Canta
cuando hacemos
como que no lo vemos.

Y se acurruca
cuando le doy espacio.

Por las mañanas
besa mis cejas
y me quita,
con cuidado,
los sueños.

Por las tardes
acaricia mi cuello.

Es un amor
pequeño.
Completo.
Manso,
y abierto.

En resumen

He tenido doce novios,
un esposo
y una dotación saludable de encuentros.

Hombres que me buscan en la madrugada.
Llamadas de personas intoxicadas
(por drogas, alcohol
y hormonas).

He tenido ofertas:

Salir del país.
Ser mantenida.
Quedarme en su casa.
Vivir con su familia.

Propuestas de matrimonio.
Propuestas de amoríos.

He tenido
amigos con derechos.
Amantes por apuestas.

Hombres que me pedían órdenes,
que los tratara como idiotas.

Hombres que me pedían
que los acurrucara
y les leyera historias.

Uno me pidió que brincara en la cama.
Otro quería que nunca lo mirara.
Uno me dio ropa
(deseaba que eso usara).

Hombres que me regalaron pants y playeras
para que no tuviera
que volver a mi casa.

¿He tenido demasiado?
¿O apenas suficiente?

De amor,
de deseo.

De hacerlo porque puedo.
Y porque quiero.

jueves, julio 09, 2026

El refugio

Presiento que, cuando me ves,
no mucho se mueve en ti.
No hay notas lejanas
que vibren en tu esternón.
No hay vientos
causando remolinos
en las praderas
que llevas en la espalda.
La piel no se separa,
no intenta adelantarse
para llegar antes
a las caricias.

Pero ese ya es tu problema.

Yo, como sea,
no puedo sentir el clima
dentro de tu cuerpo.
Sus tormentas no me mojan;
sus sequías no me alcanzan.

Yo, lo que siento,
es lo mío:
las olas gigantes
que rompen contra mis pulmones;
la lluvia
que inunda mi cerebro.

Sé que,
si hablamos de amarnos,
no me amas.

Pero eso es tuyo.

Yo, por mi parte,
cuando me acurruco a tu lado,
encuentro el refugio
de mi amor.

martes, julio 07, 2026

Lo hago

Puedo imaginarte a mi lado.

Y lo hago.

Lo hago tan bien,
que se me olvida
que esa mirada
me la he pensado.

Es mi mente
mirando.

Son mis recuerdos,
mis ganas,
mis fantasías,
besando mis labios,
mordiendo despacio.

No son tus manos,
bajo las sábanas,
encontrando mi piel,
acariciando el calor.

Te recuerdo
tan bien;
te espero
tanto,
que, noche tras noche,
te encuentro
a mi lado.

jueves, julio 02, 2026

Esperando

Sigo esperando 
que las tardes tengan calma 
para sentarme a leer tus cartas.

miércoles, julio 01, 2026

Pequeñito

Lo pequeñito que puede ser un humano.

Lo inocente.

Un niño que se sabe amado
anda por la calle sonriente,
saluda a desconocidos,
se detiene a ver insectos y flores,
baila si escucha música,
habla de lo suyo,
pregunta por lo mío.

Lo enorme que puede ser cada segundo.

Eterno y frágil.

Un instante,
un túnel en el tiempo,
que, una vez atravesado,
nunca volverá a ser el mismo.

viernes, junio 26, 2026

[25/6, 7:10 p.m.]

No te dije, ayer, 
que granizó. 

No quería ser boba.

¿Intensa?

Usar tu tiempo para avisarte que
del cielo caía hielo; 
qué tanto ruido natural,
callando a la ciudad, 
me hizo sentirte aquí.

martes, junio 23, 2026

Junio

Es extraño 
decorar un pino de plástico,
siempre pienso. 

Esferas llenas de brillantina 
que llenan todo de brillantina 
aferradas a un espacio 
con un clip.

Un clip, que como clip, 
nunca tuvo su momento, 
sino se convirtió en esto: 
Una unión temporal
entre un pino que nunca vivió
una esfera que cada año pierde un algo. 

Y es junio. 

No sé por qué pienso eso, 
pero cada tanto 
vuelve a mi mente. 

El clip, en la caja, 
no ve nada. 

No sabe que el mundo ha cambiado. 
Que ya casi todo es digital, 
nadie imprime; 
y, cuando hace falta,
se engrapa. 

Su trabajo,
rutinario
y aburrido, 
es un trabajo seguro. 

Un clip ya no es lo era antes. 
Importantes.
Constantes.

De niñas, 
solíamos hacernos collares con ellos, 
pulseras. 
Sabíamos usarlos para forzar candados. 
Viajaban en maletines. 
Esenciales. 

He pensado en rescatar uno
de esa caja que mi madre guarda;
pero soy distraída, 
y, después de la euforia, 
sé que lo perdería. 

Un clip en el piso.
Sin razón. 

Es extraño
decorar un pino de plástico. 

Al parecer

Al parecer, lo soy.

La clase de mujer
que disfruta estar sola.
La que hace pasteles cuando le nace
y se sabe recetas de memoria.

Hay cucharadas
y cucharaditas
en mi mente guardaditas.

La que ve futbol, 
mientras toma cerveza 
y escribe cosas como poemas.

Soy

la que viaja
para ver amigas,
conocer ciudades,
y coordinar con amantes.

La mujer que toma fotos
de caracoles, y de mis pezones,
de nubes, de dulces,
de mi cuello con sudor. 

La que en el súper
se detiene frente a sus galletas favoritas
y decide no comprarlas.
No ese día, 
tal vez otro.
Porque soy responsable
de mi vida
y de otra más chiquita.

También hay un gato.
Pero no es mío.
Es una larga historia.

Soy la mujer
que cuida gatos ajenos,
que sueña sueños complejos.
y adelanta trabajo
por si acaso.

La que sale a correr
o se queda en casa
investigando sobre proteína
y planeando las comidas. 

La que se acuesta sobre tu pecho,
escucha tu corazón atentamente,
como un médico contando latidos,
asegurándose de que lleves buen ritmo.

Y luego se distrae.

Porque también está ocupada calculando
la probabilidad
de que en unos minutitos
me estés tocando.

Al parecer.

Pero limitados

He tenido muchos tipos de amor,
como colores en una cajita.
De esas cajitas pequeñas
con lapicitos difíciles de sostener.
Tiernos,
por ser ligeramente ridículos
y poco prácticos.
Encantadores,
pero limitados.