viernes, abril 17, 2026

Imagino una paloma blanca

Le creo que me quiere,
estoy segura de que me estima.

Lo pienso
como si una paloma visitara su ventana
cada mañana.
Una de esas cosas lindas,
casuales,
que te maravillan
y te hacen sentir especial
(al menos un rato).

Pero luego el día avanza
y la vida regular se acomoda en él.
Y tanto la mañana
como la paloma
y la ventana
quedan,
relativamente,
olvidadas.

Y se debe emocionar,
supongo,
cuando vuelve a pasar.
Cuando me ve,
toda ahí, parada,
observándolo de nuevo.

Y tal vez, alguna noche,
hable en una cena
de estos encuentros,
o tal vez no.

Pero le creo.

Cajones

Esos futuros tan inciertos
que luego se hicieron pasados
que ya ni recuerdo.

Ojos y ojos y ojos
que miraban
o esquivaban la mirada:
sutiles,
seductores
o tímidos.
Ojos que mi memoria ha perdido.

Y en algún lugar,
algún cajón,
debe haber archivos de pieles,
y pieles, y pieles:
lunares, tatuajes, cicatrices;
lenguas y lenguas,
dedos y dedos.

Lo que sí recuerdo
me es inútil.
¿Qué hago yo con esas noches,
los susurros,
y las sonrisas?

Cajones de penes y penes,
y manos y manos;
cabellos largos
o recién cortados,
espaldas enormes
o delicadas.

Voces que ya no recuerdo,
palabras que se perdieron.
Eran futuros
en algún momento.

miércoles, abril 15, 2026

No me escribe poemas

No me escribe poemas,
pero su cuerpo en mis manos.

No me escribe poemas,
pero el olor de su piel,
la temperatura de su cuerpo,
el color de su cabello.

No iguala mi cantidad de palabras,
pero no pregunta tonterías,
y si lloro,
me abraza.

Y sus abrazos,
sus abrazos son pueblos
en los que podría construirme
un hogar:

con un jardín lleno de conejos,
árboles gigantes,
un lugar
para vivir
y morir en él.

No me escribe poemas,
pero sus ojos,
cuando me miran,
me llevan a orillas de mares
en tardes de brisa.

Y su sonrisa,
cuando se coordina con la mía,
detiene todos mis pensamientos.

No me escribe poemas,
pero es.

Mulberries

Esas bayas que comíamos en silencio,
para que mis padres no se enteraran
de que comíamos tantas.
Dulces y gigantes.

Y luego nos acostábamos,
sin hablar,
sobre el pasto.

Yo, a pensar.
Tú, quién sabe,
supongo
que solo a descansar.

El cielo tenía nubes
o no las tenía.
Algunas bayas eran rojas,
otras moradas.

Largas y gordas como orugas,
manchaban mi ropa,
mis manos,
tu hocico.

Pero mi mamá no lavaba mis manos
ni mi ropa;
de la ropa se encargaba otra señora,
y nunca me acusaba.

Nos reuníamos
después de la tarea,
bajo el árbol,
a comer, acostarnos,
ver el cielo
y pensar…
en tu caso, solo descansar.

Y así,
por siempre,
esas bayas
me sabrán
al silencio
que permiten
la compañía
y el amor.

Se me olvida el miedo

Se me olvida
tomarte fotos,
y no me atrevo
a acurrucarme
y dormir.

No lo quiero desperdiciar,
el tiempo.

Se me olvidan
algunos temas;
en cuanto te vas,
los recuerdo.

Se me olvidan
todos los miedos
de perderte
cuando estás.

Porque estás tan aquí
que no logro imaginar
que existen los momentos
sin ti.

(luego los recuerdo).

Mi vida solitaria

Me gusta el silencio,
ese ruido suave de la ciudad
cuando nadie habla;
los pájaros, los autos,
algún saludo lejano.

Me gusta caminar a mi ritmo,
detenerme frente a hojas invadidas por el sol,
cambiar el ángulo
para mirar la misma nube.

Me gustan los cables,
esas líneas constantes
que te acompañan a donde vayas.

Me gusta hablar sola,
escuchar música,
reír con podcasts.

Durante un tiempo
me sentí culpable
de amar tanto
mi soledad,
como si rompiera un pacto
con alguien,
con todos.

Y sí extraño:
la piel,
las sonrisas,
las caricias,
la charla.
Lo extraño,
a mi manera.

Pero me gusta el silencio,
la calma.
Tomar fotos de mangos,
o de mi cara,
y editarlas.

Saludar perritos
que caminan con sus dueños,
soñar cualquier pavada,
tomar café (que ya está frío),
hacer ejercicio.

Amo
mi vida
solitaria.

viernes, abril 10, 2026

Te quisiera dar

Te mando un beso
y dos abrazos,
y mis manos recorriendo tu espalda.

Te mando un sticker
y cuatro secretos
(uno es de mi infancia).

Y te mando una narración
no tan editada
de lo que soñé
la noche pasada.

Te mando una foto
de lo que comeré
y una canción
que me recuerda
a lo que siento
cuando veo tu cara.

Te mando vínculos
a páginas
de personas
que hacen cerámica.

Te mando todo lo que me gusta.

Toda la ternura
que te quisiera dar.

martes, abril 07, 2026

De un martes

Algo como ensalada griega
en un martes.
Preferiría una de verdad.

Tomando algo como un descanso,
aunque sigo trabajando.
Adormilada.

Tengo ganas de dormir,
sentir tus manos,
sentir algo.

Despertar sin saber la hora
ni el día,
sin pensar en comida,
ni en planes,
ni en ropa limpia.

Desde mi ventana
veo otras ventanas.
Desearía
que fuera el mar.

Hoy hemos declarado
otra planta
como muerta.
Me pregunto
si quiero comprar una más.

Quiero bañarme
por horas,
sentir
agua cálida
sobre mí.

Quiero besarte.
Quiero comer.
Descansar, de verdad.
Vivir.

sábado, abril 04, 2026

Y

Y si alguna vez me sueñas,
no te olvides de decirme
que soy demasiado rara.

No te olvides de abrazarme,
de romperme el corazón.

Si me sueñas,
déjame ahí.
Yo encontraré el camino de regreso
a mi calma.

jueves, abril 02, 2026

No te vi en mi sueño

No te vi en mi sueño.

Me sentaron junto a ese amigo
que nos hacía un tercio.
Aparecieron otros también.
Me sirvieron mucha comida
y estaba buena.

Hablé mucho
mientras esparcía
puré de papa.

Recuerdo el plato.

Te estaba esperando,
aunque todas las otras sillas
tenían personas.
Una, a mi lado,
permanecía vacía.

Luego sentaron a alguien
ahí.

Sirvieron el postre.

Y ya.

Otra noche
que no te vi.

martes, marzo 31, 2026

Tal vez

Pensaba
que, si tenías ganas,
tal vez
podríamos hacer algo.

Algo pequeño,
como dos vidas
dentro de un universo
que las ignora.

O ir por un trago.

Pensaba
que, si querías,
si se te antojaba,
podrías acostarte
a mi lado
y quedarnos callados.

Pienso diferente
cuando estás cerquita.

Es como ver el mar,
creo.
Me cambias,
como el viento que se enfría
con la lluvia,
y la ciudad,
que mojada,
suena diferente.

Pensaba
que,
si nos da tiempo,
podrías entrar un poco en mi cuerpo.

Tus dedos en mi boca,
por ejemplo,
u otras cosas
en otras partes.

Un ratito,
nada más.
No te quiero molestar.

Pensaba
en tu cabello
e intentaba recordar tu voz.

Y me preguntaba
si, 
tal vez, 
te gustaría
venir. 

Y quedarte 
aquí. 
(por un tiempo).