miércoles, febrero 18, 2026

Ser mamá

Duele
pensar
que ser madre
me descalifica.

Los primeros días
(de ser de nuevo soltera)
estuve en una fiesta.
Una chica ebria
me gritó en la cara:
No te preocupes,
habrá quien te ame
y se encargue.
Uno se enamorará
de verdad
y no le molestará
que seas mamá.

....No le molestará
que seas mamá
...
Se quedó dentro de mí.
Sigue ahí.

Ni siquiera lo había pensado
como una molestia.
Siempre lo vi
como algo genial.

Pero ser mamá
(muchas veces)
me descalifica.

De cierto nivel de fiesta,
de ingresos,
de tiempo libre,
de paciencia.

Lo más fantástico que vivo
es el gran defecto.

Y duele
saberlo.

No lo sé

No puedo explicar muy bien
lo que siento adentro.
Y he vivido.
He vivido.

Hace poco alguien intentaba ponerme en mi lugar,
hablando despacio
sobre cómo esto es cariño, amor, ternura.

Pero he vivido eso.
Mucho.
Siempre.

Y aun así,
esto que se amasa en mi cama
y se unta por la vida
es nuevo.

Tal vez es amor viejo,
del que solo una mujer de 43
es capaz. 

Igual.
Puedo aceptar
no haber tenido nunca esta edad.

Pero no lo sé.
No lo creo
y no lo puedo explicar. 

sábado, febrero 14, 2026

El único

Eres el único humano que me ha hecho desear estar en un crucero. 

miércoles, febrero 11, 2026

Mi primer árbol

Cada uno tenía su propio árbol.
Los más grandes,
los más fuertes,
eran dueños de los zapotes
y te atacaban con ellos desde arriba
si no te querían
o si te querían hacer llorar.

A mí no me atacaban.

Yo no sabía escalar.

Algún día, uno de ellos me esperó.
Me llevó a un árbol.
Era más pequeño,
pero sí tenía frutas.

Este fue mi primer árbol
me dijo.

Yo lo vi muy complicado
y él adivinó lo que pensaba.

No, tiene un truco,
me explicó.
No se nota bien,
pero tiene escalones.


Me enseñó.
El truco era girar con el tronco
hasta llegar a una rama fuerte,
lejos del piso,
más cerca del cielo.

Me regaló su primer árbol
y se quedó conmigo toda la tarde.

Yo no supe entender
ese nivel de ternura.
Era pequeña.
Aún no sabía escalar.

Aunque era querida
y a mí no me atacaban.

Completo

No me suelo pensar como alguien extrañado,
no me percibo como un recuerdo.
Según yo, nada de mí se ha quedado.
Nunca.
Mi cuerpo se siente completo.

martes, febrero 10, 2026

Se me nota

Yo sé que para ti existir es normal.
Llevas cargando ese cuerpo desde hace años.
Pero yo, por primera vez,
lo traigo colgado en los labios,
metido en la sonrisa.

Y se acomoda bien,
suavecito.

Nadie lo creería:
que tanta piel,
tanto cuerpo,
tanto hombre
se acueste sobre un labio
y se cubra con el otro.

Se nota.
Dicen.
En las fotos.

Un día

Algún día olvidaremos estos nombres que nos cubren
y no habrá más.
No más puntos,
no más comas.
El río de historias se colará al subsuelo;
lo que quede serán laguitos dispersos,
tierra reseca,
flores pequeñas.

Algún día olvidaré quién me nombró
y por qué,
qué se esperaba de esta recién llegada.
Olvidaré lo que perdí en el camino,
aunque espero que me acompañe
algo de lo que encontré.

viernes, febrero 06, 2026

Un fantasma

Tal vez eras una lección,
una de esas personas fantasma
del presente o del pasado
que vienen a dejarte
algo terriblemente claro.

Pero no puse atención.
Andaba perdida hablando,
tomando cerveza,
mirando tus ojos sonreír.

Porque sonreían
a mis pendejadas
y se nos fue el tiempo.
Y no aprendí nada.

Libros

No me gusta guardar libros
por guardar libros.
Como papel tapiz que dice:
mira cuánta palabra
me he embutido,
seguro soy interesante.

Si entraras a mi depa
pensarías lo contrario.
Pero esos libros no son míos.
Son de alguien que se fue
y no se los llevó.

Supongo que a él
no le gusta cargar libros.
Arrastrar tantas fantasías,
tantos sueños ajenos,
tantos logros de otros.
O quizá
simplemente
no quiso buscarles lugar
a todas esas ideas.

Poco a poco
los voy sacando.
Depuro el espacio
de libros que no sentí,
que no extraño.

Poco a poco
reclamo mi lugar.
Libero la pared.

El librero deja de sentirse atacado.
Ahora está calmo.
Hay más blanco,
un blanco
que no pienso volver a tapar.

miércoles, febrero 04, 2026

La costumbre

Estaba acostumbrada
a llevar mis deseos
bordados por adentro,
con hilo que imitaba
mi sangre y mi piel,
enunciados capaces
de confundirse con la grasa.

Cubiertos,
callados,
fingiendo ser educados.
Que no me delataran,
ni siquiera
cuando me desnudaba.

Deseos húmedos en la garganta,
la casa de una voz
que hablaba mucho
pero no los nombraba.
Aprendí a conversar de otras cosas,
a morder la lengua,
a esquivar ciertas palabras.

Estaba acostumbrada
a no pronunciar mi nombre completo,
a partirlo en sílabas
fáciles de tragar.
Omitir mi biografía.
No dejar que todo el color de mis ojos
saliera al mundo,
porque el mundo
no lo deseaba.

Siempre al cincuenta por ciento.

Estaba acostumbrada, al menos,
a intentarlo.
Porque no duraba.
Eventualmente la verdad
se escurría;
salía de mis poros,
cuando estaba excitada;
o la escupía,
en un enunciado directo,
sobre un cuerpo agitado.

Después de eso
todo cambiaba.

Estaba acostumbrada
a que, una vez bien vista,
vista por completo,
desviaran la mirada.

Las ganas de tocarme
se quedaran en las manos
o espumaran en los labios.
Pero el cariño,
la confianza,
la calma,
se evaporaban.

martes, febrero 03, 2026

La playa

Me has dejado como que fui a la playa:
como que el mar me tragó un rato,
me dio muchas vueltas
y me regresó a mi cama.

El sol dándome besitos
en los brazos,
las piernas
y la espalda.

He llegado sonrojada,
cansada.
Con hambre.
Maravillada.

Me has dejado con la mente perdida,
relajada;
el cuerpo agotado,
planeando
la próxima escapada.