No me escribe poemas,
pero su cuerpo en mis manos.
pero su cuerpo en mis manos.
No me escribe poemas,
pero el olor de su piel,
la temperatura de su cuerpo,
el color de su cabello.
No iguala mi cantidad de palabras,
pero no pregunta tonterías,
y si lloro,
me abraza.
Y sus abrazos,
sus abrazos son pueblos
en los que podría construirme
un hogar:
con un jardín lleno de conejos,
árboles gigantes,
un lugar
para vivir
y morir en él.
No me escribe poemas,
pero sus ojos,
cuando me miran,
me llevan a orillas de mares
en tardes de brisa.
Y su sonrisa,
cuando se coordina con la mía,
detiene todos mis pensamientos.
No me escribe poemas,
pero es.