miércoles, febrero 25, 2026

Algunos días

Algunos días amanezco más perdida.

La marea se va,
no por ausencia de agua.

Aquí no faltan ganas,
ni ternura,
ni amor.

Solo despierto con menos conexión
al mundo.

Unida mi alma a la tierra
por apenas unos nervios,
como los dientes
justo antes
de caerse.

Despierto con menos palabras,
menos ruido,
menos ganas
de ser observada.

Algunos días amanezco más perdida.
Más callada.
Con otra mirada.

No sé si se nota.
No sé si lo oculto bien.

No sé
si importa.

Sobre quererte

Te quiero
porque te quise
por mucho tiempo.

Supongo que es un eco
de tantos años
de observarte,
de sonreír frente a ti,
de estar a tu lado.
De crecer queriéndote
sin cuestionarlo.

Era libre de querer
porque no me ponías atención.
Al menos no
del modo en que mi amor
lo deseaba.

Andabas en lo tuyo.
Nos veíamos en fiestas,
hacíamos tareas.
Y yo perfeccioné el talento
de quererte
desde lejos,
en lo mío,
sin complejos.

Te quise mucho.
Mientras tenía mis novios,
mis amigos,
mis otros dramas.

Eras un pequeño lugar,
cómodo, cálido
y ajeno,
donde podía descansar
del ritmo
y del tiempo.

Te quise mucho.
Y por eso
aún te quiero.

Pero más
como a un recuerdo de infancia.

Ya sin deseo.
Entendiendo la complejidad.
Aceptando que, quizá,
ya no nos conocemos.

El caso de ti

En la llamada creo me quisiste decir que querías intentar algo conmigo. 
Lo vi complicado. 

Para empezar:
estás casado. 

martes, febrero 24, 2026

Libra

Me dijo:
Eres única y diferente,
y pensé
que seguro
para él.

Un hombre en su crisis de los cuarenta,
engañando a su esposa,
empezando a correr,
acumulando dinero
solo por tener.

Seguro lo era:
única y diferente.

Alguien que no se impresionaba mucho
con su forma de hablar.

Me prometió pagar mi renta
(mi renta es pequeñita,
hasta yo la puedo pagar),
me prometió cuidar de mi hijo,
me prometió viajes y comidas…
pero era alérgico a los mariscos.

Me prometió que en su cumpleaños
iríamos a un acuario.
Amo los acuarios.
Amo ver a los peces
solo estar.

Hubo otros planes,
muchos.
Casi todos suyos.

Yo me mantenía más o menos a raya.
Eso lo puedo decir con calma,
porque soy yo la narradora.

Porque no solo soy única y diferente,
sino también justa y neutral:
una Libra
nada, nada emocional.

Dónde

A veces olvido lo que escribí aquí,
lo que escribí en Notas,
lo que escribí en mensajes,
o lo que sólo escribí en mi mente
(en mi corazón tierno lleno de amor,
en mi espalda tensa de preocupaciones,
en mi vientre, junto a las estrías,
donde guardo lo que me da pena).

Se me olvida qué palabras sí te regalé
y cuáles se quedaron en la bolsa,
cerca de las semillas de tamarindo
que nunca sé dónde tirar.

Escribo mucho.
Sobre todo.

Pienso mucho,
supongo.

En ti, en mi pasado, en el dolor,
en lo que debo cocinar,
en lo que debo pagar,
en la puerta que no he pintado,
en el cielo,
las nubes,
las ardillas.

Escribo tanto
que nunca sé bien
dónde te he dejado.

Si entre una lista de compras,
un mensaje a mi mejor amiga,
alguna servilleta doblada,

o en el pasado.

lunes, febrero 23, 2026

3 notas

He cambiado el sonido de mi celular en esta época.
He pensado en volverlo a cambiar
si te vas.

Así, para siempre,
serás
tres notas rápidas y alegres

(que quizá no vuelva
a escuchar).

viernes, febrero 20, 2026

Según lo recuerdo

Me dijo que amaba cómo lo cogía.

Luego dijo que le perturbaba
que quisiera hacerlo.

Me dijo que mi piel era interesante
y después me pidió que me tapara.

Que me pusiera un vestido
de flores
que sólo a él le gustaba.

Me dijo que era hermosa,
deseable,
atrevida,
risueña.

Y luego
se quedó callado...

cinco años.

Aire y recuerdos

Soñé que estabas frente a mí
y podía contarte
todo lo que pasó
desde el último sueño:
el divorcio,
el dolor,
la soledad…
y luego la calma.

Pero esta vez
ya no me contestabas.

Creo que he olvidado
el sonido de tu voz.
Creo que, aun en sueños,
he perdido todas tus palabras.

¿Quién soy yo
para intentar generarte
de aire
y recuerdos,
de amor
y nostalgia?

¿Quién eres tú
si ya no hablas?

IV

¿Y qué hice después?
Nada.
Sonreí
y acepté
que lo amaba.

jueves, febrero 19, 2026

Un librero

 I 
Y así, como si nada,
se ofreció a comprarme un librero.

¿Qué demonios es esto?

Qué forma tan precisa
de arrancarme el corazón
y lamerlo.

II 
Tuve una respuesta visceral
que escondí
tomando otro trago de mi chai.

III 
No sé si sabe
que llevo años cargando algunos libros,
viajando, mudándome con ellos. 
Convencida de que me han salvado, 
que han corregido mi camino. 

A donde llego 
les busco un lugar. 
Son mi memoria externa 
de promesas privadas, 
amor repartido, 
ternura presente. 

Mi camino de regreso a casa,
donde casa
es mi alma
y mis ganas de continuar.

A los 10 años

Solíamos correr
en ese cerro plagado de basura
cuando las flores crecían altas
y ocultaban su verdad.

Nuestro cerro se volvía
una pradera,
otro país,
tal vez otro tiempo.
Un lugar pintoresco
donde podíamos soñar,
desear, pedir.

Miles de florecitas amarillas
rozaban nuestras rodillas
mientras cantábamos
sobre el futuro
y reíamos
sabiendo
que nos queríamos engañar.

Estas vidas,
las nuestras,
no traían amores eternos
ni jardines secretos
ni demasiada magia para cosechar.
Eran vidas, solo vidas,
en las que a veces
las flores crecían lo suficiente
para cubrir la realidad.