Soñé que había una tormenta,
y a mis pies, una serpiente
de boca grande,
enorme,
desproporcionada.
y a mis pies, una serpiente
de boca grande,
enorme,
desproporcionada.
Durante todo el sueño
tenía que apretarle la boca,
para que no mordiera a mi hijo,
para que no me atacara a mí.
La noche y la lluvia seguían.
La serpiente intentaba defenderse,
era difícil controlarla.
Pero, poco a poco,
su cuerpo cedía,
su carne empezaba a morir,
hasta que solo quedó su esqueleto
y su piel,
amarilla como la mantequilla.
Estaba muerta
en mis manos,
y yo sentía
alivio
y una gran
tristeza.
alivio
y una gran
tristeza.