La tristeza en mí
se ve como una pequeña sonrisa.
Un gesto absurdo.
Un súplica
al universo
pidiendo que se detenga.
se ve como una pequeña sonrisa.
Un gesto absurdo.
Un súplica
al universo
pidiendo que se detenga.
Una pequeña sonrisa,
cubierta de lágrimas,
fue lo último
que vio de mí.
Una pequeña sonrisa,
temblando;
quizá
aún la recuerda.
La tristeza en mí
mueve nervios
involuntarios:
las ganas
de corregir,
de calmar,
aun cuando
todo en mí
está agonizando.