jueves, julio 16, 2026

Ámbar

y no había persona
que yo admirara más
que la señora
que me llevaba del kínder a la casa.

Tenía un camión
que siempre andaba mal.

Antes de llegar,
había que ponerse de pie
y esperar junto a ella.

La palanca de velocidades
quedaba justo
al final del pasillo.

Terminaba
en una esfera de ámbar,
llena de líquido
y brillantina.

Cuando me llevaba a casa,
el sol atravesaba
esa esfera,
se mezclaba con el líquido
y jugaba
con la brillantina.

Todo eso
emocionaba a mi alma.

¿Cómo es posible
que su camión tenga eso?

le preguntaba a mi madre.

¿Así se pide
en la fábrica?

Ella me explicaba
que, seguro,
lo había comprado aparte.
Que ella misma
lo había instalado.

Y yo no entendía
cómo ella era la única
que lo había hecho.
La única
que lo había pensado.

y no había persona
que yo admirara más
que la señora
que me llevaba del kínder
a la casa.