Es extraño
decorar un pino de plástico,
siempre pienso.
siempre pienso.
Esferas llenas de brillantina
que llenan todo de brillantina
aferradas a un espacio
con un clip.
Un clip, que como clip,
nunca tuvo su momento,
sino se convirtió en esto:
Una unión temporal
entre un pino que nunca vivió
una esfera que cada año pierde un algo.
sino se convirtió en esto:
Una unión temporal
entre un pino que nunca vivió
una esfera que cada año pierde un algo.
Y es junio.
No sé por qué pienso eso,
pero cada tanto
vuelve a mi mente.
El clip, en la caja,
no ve nada.
No sabe que el mundo ha cambiado.
Que ya casi todo es digital,
nadie imprime;
y, cuando hace falta,
se engrapa.
Su trabajo,
rutinario
y aburrido,
es un trabajo seguro.
Un clip ya no es lo era antes.
Importantes.
Constantes.
De niñas,
solíamos hacernos collares con ellos,
pulseras.
Sabíamos usarlos para forzar candados.
Viajaban en maletines.
Esenciales.
He pensado en rescatar uno
de esa caja que mi madre guarda;
pero soy distraída,
y, después de la euforia,
sé que lo perdería.
Un clip en el piso.
Sin razón.
Es extraño
decorar un pino de plástico.