Seguro me engañabas,
aseguró.
aseguró.
Sin saber nada de mí.
Después de años
de compartir
sábanas
y toallas.
Sin saber
que engañar
se me hace inútil.
Torpe.
Redundante.
Sin saber
nada.
No sé quién eres,
me confirmó.
Y le dije:
Lo sé.
Sin más.
Por primera vez,
ya no había
más palabras.
Antes
hubiera tratado
de explicarme.
de explicarme.
Pero ya era tarde.
Era más fácil
volver a empezar.