viernes, marzo 06, 2026

Olvidarte

Olvidarte
mientras aún estás aquí,
mientras me tocas.

Olvidar tus ojos
que todavía me ven,
desnuda.

Borrar tu cuerpo.
Soltar el peso,
de todo tú
sobre mí.

Olvidarte
mientras aún espero,
en secreto,
que me ames.

Sobre ti

Aún pienso en tu barba.
Me quedé con ganas
de tocarla.

Y no sé si tú
pienses en mí.

¿En mis piernas?
¿En mi espalda?
Ni idea.

Aún te imagino abajo,
y yo, sobre ti,
sudando.

(jaja… mentira,
solo te estoy jodiendo).

La tristeza en mí

La tristeza en mí 
se ve como una pequeña sonrisa. 
Un gesto absurdo. 
Un súplica 
al universo 
pidiendo que se detenga. 

Una pequeña sonrisa,
cubierta de lágrimas,
fue lo último
que vio de mí.

Una pequeña sonrisa,
temblando;
quizá
aún la recuerda. 

La tristeza en mí
mueve nervios
involuntarios:
las ganas
de corregir,
de calmar,
aun cuando
todo en mí
está agonizando.

miércoles, marzo 04, 2026

Un vuelo y un camión

Me pregunto
si valgo la pena
para tomar un vuelo y un camión
e ir a abrazarme.

En el funeral de mi abuela
salía con un tipo que estaba loco.
Se puso nervioso,
porque yo estaba en otra ciudad,
sola.

Creo que pensó
que uno va a los funerales
a ligar.

Me mandaba mensajes,
cuestionando mi integridad,
preguntando por qué no le contestaba.
Me llamaba.
No sé cuántos mensajes,
no sé cuántas llamadas perdidas.

Era el funeral de mi abuela.

Yo leía sus palabras,
veía su nombre en la pantalla
y no sentía nada.

Aunque me prometí
que para el siguiente funeral
estaría mejor acompañada.

Por suerte,
no ha pasado.

Pero me pregunto
si alguien tomará un vuelo y un camión
para estar a mi lado.
Si valgo la pena.

martes, marzo 03, 2026

Fantasía

Un día pesado

Quisiera tu cuerpo en una cama,
en un día sin tiempo.
Estar acurrucada.

Que fuera mañana
y hubiera desayuno…

Porque sí desayuno,
aunque nunca me hayas visto hacerlo.

Sí desayuno,
y duermo
y sueño.

Y tengo fantasías
con mañanas aisladas
en las que puedo descansar
abrazada
por ti.

En las que te hago
preguntas
y me explicas tu vida.

Luz cálida.
Sábanas limpias.
Y la urgencia
de nada.

A los 18 años

Su mano se levanta un poco.
Y sonríe.

Las personas que suben a su vagón lo ignoran.
Yo, desde la plataforma,
le sonrío.

Imito su cuerpo,
que parece cargar tristeza.
Imito su mano tímida,
que no termina
de comprometerse con el adiós.

Se ríe.

Le digo chao,
sin lograr que salga sonido.
Mi voz
se niega a participar.

Las puertas entre nosotros se cierran
y el metro empieza a avanzar.

Él se va.
Yo me quedo.

Lo alcanzo a ver
desde una de las ventanas:
una imagen movida,
todavía su sonrisa,
todavía su mirada.

El último momento. 

lunes, marzo 02, 2026

Es como

Es como andar por ahí
y decidir saltar a un lago
sin saber qué tan profundo es.

Empezar a correr.
Sentir el pasto en los pies
mientras dejo esos metros de campo atrás,
la cara sonrojada,
el frío de enfrentar el viento.

Y luego, casi en la orilla,
soltar el cuerpo,
dejar que la inercia
y la gravedad
hagan con él lo que quieran.

En el aire,
esperar
que el lago
sea lo suficientemente profundo.
Que tenga espacio para mi cuerpo
y su fuerza.
Pedir que este salto
no duela.

Y lo es.

(Felicidad)

Mi cuerpo entero
queda rodeado de frescura,
envuelto en un espacio abierto
donde puedo hundirme más
o decidir nadar.

Y cuando salgo, 
aún empapada por esa decisión, 
no me seco. 

Porque de nuevo
toca saltar a otro lago 
(que no conozco, 
que no sé qué tan profundo es). 

Y vuelvo a correr. 

Una y otra vez. 
Sin detenerme.
Sin secarme. 
Sin pensarlo demasiado. 

Solo sintiendo el piso fresco en mis pies, 
el sol persiguiéndome, 
el agua del pasado 
escurriendo por mi piel. 

Lago tras lago, 
y ninguno de los saltos
 me ha lastimado. 

Es algo así, 
como se siente 
amarte. 

viernes, febrero 27, 2026

Por cierto

Me gusta el ritmo de tu voz
cuando me explicas algo
que llevas tiempo pensando.

Cómo se mueven tus labios.

Me gusta.

Cómo pasas de estar recargado
a dar unos pasos:
hay un impulso decidido.
Es lindo.

Me gusta lo delicado
que puede ser
tu dedo índice,
cómo lo usas
para explorar.

Y la presión
precisa
que logras
con tus palmas.

Me gusta la fuerza
que tienes
y usas.

Y tu cabello…
me gusta tu cabello,
cuando dejas que mis manos 
lo recorran 
despacio. 

Un tanto más

Quisiera que todo fuera más sencillo:
tener un pasado más limpio,
más tiempo libre,
más qué ofrecer.

Tengo historias,
miedos,
preguntas.

A veces siento
que eso es todo lo que tengo.

Junto montoncitos de vida,
los acomodo.
los intento valorar.

Y a veces
quisiera
que fuera más.

jueves, febrero 26, 2026

Herencia

Mi corazón tiene una forma rara,
lo sé, desde chica.
Me daba pena.
Lo ocultaba.

Le cosía cachitos de tela
para rellenarlo,
pero nada
nunca aguantaba.

Su forma:
angular,
simétrica,
con pequeños ganchos
donde colgar humanos
por muchos años.

Casi nadie
la reconocía.
Lo ven y dicen que lo entienden,
como hombres arrogantes en museos,
y como esos hombres
intentan explicarme
de qué va:

¿Ves este pico? este pico sobra.
Sería mejor quitarlo.
Y acá, acá hay un hueco
que significa soledad.

No es un corazón cómodo.
Es más pesado de lo normal
y está cargado hacia la derecha,
lo cual complica el caminar.

Y luego, un día, nació mi hijo.

Un niño perfecto,
con ojos oscuros
y un lenguaje inventado.

Y su corazón,
simétrico y angular,
con pequeños ganchitos,
y un huequito
que aún no sabemos
qué podría significar.

Te extraño.

Te extraño.
Pero bien,
estoy bien.
No tienes que venir.

Solo te extraño
y quisiera que estuvieras a mi lado,
quitándome la ropa
y todas esas cosas.

Entiendo que hay trabajo,
juntas
y lo demás.

Solo te extraño
y me gustaría
poder besarte,
que me besaras,
cerrar los ojos
y sentir tu peso.

Me gustaría que mis manos
recorrieran tu espalda,
acariciando,
dando masaje,
jugando.

Que tu voz
alcanzara mi mirada,
y tu mirada
entrara en cada una de mis palabras,
las que me sobran cuando estás
porque me emociono
y todo te lo quiero contar.

Te extraño
así,
ligerito,
como siempre.

Pero está bien.

Puedo esperar.

miércoles, febrero 25, 2026

Algunos días

Algunos días amanezco más perdida.

La marea se va,
no por ausencia de agua.

Aquí no faltan ganas,
ni ternura,
ni amor.

Solo despierto con menos conexión
al mundo.

Unida mi alma a la tierra
por apenas unos nervios,
como los dientes
justo antes
de caerse.

Despierto con menos palabras,
menos ruido,
menos ganas
de ser observada.

Algunos días amanezco más perdida.
Más callada.
Con otra mirada.

No sé si se nota.
No sé si lo oculto bien.

No sé
si importa.

Sobre quererte

Te quiero
porque te quise
por mucho tiempo.

Supongo que es un eco
de tantos años
de observarte,
de sonreír frente a ti,
de estar a tu lado.
De crecer queriéndote
sin cuestionarlo.

Era libre de querer
porque no me ponías atención.
Al menos no
del modo en que mi amor
lo deseaba.

Andabas en lo tuyo.
Nos veíamos en fiestas,
hacíamos tareas.
Y yo perfeccioné el talento
de quererte
desde lejos,
en lo mío,
sin complejos.

Te quise mucho.
Mientras tenía mis novios,
mis amigos,
mis otros dramas.

Eras un pequeño lugar,
cómodo, cálido
y ajeno,
donde podía descansar
del ritmo
y del tiempo.

Te quise mucho.
Y por eso
aún te quiero.

Pero más
como a un recuerdo de infancia.

Ya sin deseo.
Entendiendo la complejidad.
Aceptando que, quizá,
ya no nos conocemos.

El caso de ti

En la llamada creo me quisiste decir que querías intentar algo conmigo. 
Lo vi complicado. 

Para empezar:
estás casado. 

martes, febrero 24, 2026

Libra

Me dijo:
Eres única y diferente,
y pensé
que seguro
para él.

Un hombre en su crisis de los cuarenta,
engañando a su esposa,
empezando a correr,
acumulando dinero
solo por tener.

Seguro lo era:
única y diferente.

Alguien que no se impresionaba mucho
con su forma de hablar.

Me prometió pagar mi renta
(mi renta es pequeñita,
hasta yo la puedo pagar),
me prometió cuidar de mi hijo,
me prometió viajes y comidas…
pero era alérgico a los mariscos.

Me prometió que en su cumpleaños
iríamos a un acuario.
Amo los acuarios.
Amo ver a los peces
solo estar.

Hubo otros planes,
muchos.
Casi todos suyos.

Yo me mantenía más o menos a raya.
Eso lo puedo decir con calma,
porque soy yo la narradora.

Porque no solo soy única y diferente,
sino también justa y neutral:
una Libra
nada, nada emocional.

Dónde

A veces olvido lo que escribí aquí,
lo que escribí en Notas,
lo que escribí en mensajes,
o lo que sólo escribí en mi mente
(en mi corazón tierno lleno de amor,
en mi espalda tensa de preocupaciones,
en mi vientre, junto a las estrías,
donde guardo lo que me da pena).

Se me olvida qué palabras sí te regalé
y cuáles se quedaron en la bolsa,
cerca de las semillas de tamarindo
que nunca sé dónde tirar.

Escribo mucho.
Sobre todo.

Pienso mucho,
supongo.

En ti, en mi pasado, en el dolor,
en lo que debo cocinar,
en lo que debo pagar,
en la puerta que no he pintado,
en el cielo,
las nubes,
las ardillas.

Escribo tanto
que nunca sé bien
dónde te he dejado.

Si entre una lista de compras,
un mensaje a mi mejor amiga,
alguna servilleta doblada,

o en el pasado.

lunes, febrero 23, 2026

3 notas

He cambiado el sonido de mi celular en esta época.
He pensado en volverlo a cambiar
si te vas.

Así, para siempre,
serás
tres notas rápidas y alegres

(que quizá no vuelva
a escuchar).

viernes, febrero 20, 2026

Según lo recuerdo

Me dijo que amaba cómo lo cogía.

Luego dijo que le perturbaba
que quisiera hacerlo.

Me dijo que mi piel era interesante
y después me pidió que me tapara.

Que me pusiera un vestido
de flores
que sólo a él le gustaba.

Me dijo que era hermosa,
deseable,
atrevida,
risueña.

Y luego
se quedó callado...

cinco años.

Aire y recuerdos

Soñé que estabas frente a mí
y podía contarte
todo lo que pasó
desde el último sueño:
el divorcio,
el dolor,
la soledad…
y luego la calma.

Pero esta vez
ya no me contestabas.

Creo que he olvidado
el sonido de tu voz.
Creo que, aun en sueños,
he perdido todas tus palabras.

¿Quién soy yo
para intentar generarte
de aire
y recuerdos,
de amor
y nostalgia?

¿Quién eres tú
si ya no hablas?

IV

¿Y qué hice después?
Nada.
Sonreí
y acepté
que lo amaba.

jueves, febrero 19, 2026

Un librero

 I 
Y así, como si nada,
se ofreció a comprarme un librero.

¿Qué demonios es esto?

Qué forma tan precisa
de arrancarme el corazón
y lamerlo.

II 
Tuve una respuesta visceral
que escondí
tomando otro trago de mi chai.

III 
No sé si sabe
que llevo años cargando algunos libros,
viajando, mudándome con ellos. 
Convencida de que me han salvado, 
que han corregido mi camino. 

A donde llego 
les busco un lugar. 
Son mi memoria externa 
de promesas privadas, 
amor repartido, 
ternura presente. 

Mi camino de regreso a casa,
donde casa
es mi alma
y mis ganas de continuar.

A los 10 años

Solíamos correr
en ese cerro plagado de basura
cuando las flores crecían altas
y ocultaban su verdad.

Nuestro cerro se volvía
una pradera,
otro país,
tal vez otro tiempo.
Un lugar pintoresco
donde podíamos soñar,
desear, pedir.

Miles de florecitas amarillas
rozaban nuestras rodillas
mientras cantábamos
sobre el futuro
y reíamos
sabiendo
que nos queríamos engañar.

Estas vidas,
las nuestras,
no traían amores eternos
ni jardines secretos
ni demasiada magia para cosechar.
Eran vidas, solo vidas,
en las que a veces
las flores crecían lo suficiente
para cubrir la realidad.

miércoles, febrero 18, 2026

Ser mamá

Duele
pensar
que ser madre
me descalifica.

Los primeros días
(de ser de nuevo soltera)
estuve en una fiesta.
Una chica ebria
me gritó en la cara:
No te preocupes,
habrá quien te ame
y se encargue.
Uno se enamorará
de verdad
y no le molestará
que seas mamá.

....No le molestará
que seas mamá
...
Se quedó dentro de mí.
Sigue ahí.

Ni siquiera lo había pensado
como una molestia.
Siempre lo vi
como algo genial.

Pero ser mamá
(muchas veces)
me descalifica.

De cierto nivel de fiesta,
de ingresos,
de tiempo libre,
de paciencia.

Lo más fantástico que vivo
es el gran defecto.

Y duele
saberlo.

No lo sé

No puedo explicar muy bien
lo que siento adentro.
Y he vivido.
He vivido.

Hace poco alguien intentaba ponerme en mi lugar,
hablando despacio
sobre cómo esto es cariño, amor, ternura.

Pero he vivido eso.
Mucho.
Siempre.

Y aun así,
esto que se amasa en mi cama
y se unta por la vida
es nuevo.

Tal vez es amor viejo,
del que solo una mujer de 43
es capaz. 

Igual.
Puedo aceptar
no haber tenido nunca esta edad.

Pero no lo sé.
No lo creo
y no lo puedo explicar. 

sábado, febrero 14, 2026

El único

Eres el único humano que me ha hecho desear estar en un crucero. 

miércoles, febrero 11, 2026

A los 6 años

Cada uno tenía su propio árbol.
Los más grandes,
los más fuertes,
eran dueños de los zapotes
y te atacaban con ellos desde arriba
si no te querían
o si te querían hacer llorar.

A mí no me atacaban.

Yo no sabía escalar.

Algún día, uno de ellos me esperó.
Me llevó a un árbol.
Era más pequeño,
pero sí tenía frutas.

Este fue mi primer árbol
me dijo.

Yo lo vi muy complicado
y él adivinó lo que pensaba.

No, tiene un truco,
me explicó.
No se nota bien,
pero tiene escalones.


Me enseñó.
El truco era girar con el tronco
hasta llegar a una rama fuerte,
lejos del piso,
más cerca del cielo.

Me regaló su primer árbol
y se quedó conmigo toda la tarde.

Yo no supe entender
ese nivel de ternura.
Era pequeña.
Aún no sabía escalar.

Aunque era querida
y a mí no me atacaban.

Completo

No me suelo pensar como alguien extrañado,
no me percibo como un recuerdo.
Según yo, nada de mí se ha quedado.
Nunca.
Mi cuerpo se siente completo.

martes, febrero 10, 2026

Se me nota

Yo sé que para ti existir es normal.
Llevas cargando ese cuerpo desde hace años.
Pero yo, por primera vez,
lo traigo colgado en los labios,
metido en la sonrisa.

Y se acomoda bien,
suavecito.

Nadie lo creería:
que tanta piel,
tanto cuerpo,
tanto hombre
se acueste sobre un labio
y se cubra con el otro.

Se nota.
Dicen.
En las fotos.

Un día

Algún día olvidaremos estos nombres que nos cubren
y no habrá más.
No más puntos,
no más comas.
El río de historias se colará al subsuelo;
lo que quede serán laguitos dispersos,
tierra reseca,
flores pequeñas.

Algún día olvidaré quién me nombró
y por qué,
qué se esperaba de esta recién llegada.
Olvidaré lo que perdí en el camino,
aunque espero que me acompañe
algo de lo que encontré.

viernes, febrero 06, 2026

Un fantasma

Tal vez eras una lección,
una de esas personas fantasma
del presente o del pasado
que vienen a dejarte
algo terriblemente claro.

Pero no puse atención.
Andaba perdida hablando,
tomando cerveza,
mirando tus ojos sonreír.

Porque sonreían
a mis pendejadas
y se nos fue el tiempo.
Y no aprendí nada.

Libros

No me gusta guardar libros
por guardar libros.
Como papel tapiz que dice:
mira cuánta palabra
me he embutido,
seguro soy interesante.

Si entraras a mi depa
pensarías lo contrario.
Pero esos libros no son míos.
Son de alguien que se fue
y no se los llevó.

Supongo que a él
no le gusta cargar libros.
Arrastrar tantas fantasías,
tantos sueños ajenos,
tantos logros de otros.
O quizá
simplemente
no quiso buscarles lugar
a todas esas ideas.

Poco a poco
los voy sacando.
Depuro el espacio
de libros que no sentí,
que no extraño.

Poco a poco
reclamo mi lugar.
Libero la pared.

El librero deja de sentirse atacado.
Ahora está calmo.
Hay más blanco,
un blanco
que no pienso volver a tapar.

miércoles, febrero 04, 2026

La costumbre

Estaba acostumbrada
a llevar mis deseos
bordados por adentro,
con hilo que imitaba
mi sangre y mi piel,
enunciados capaces
de confundirse con la grasa.

Cubiertos,
callados,
fingiendo ser educados.
Que no me delataran,
ni siquiera
cuando me desnudaba.

Deseos húmedos en la garganta,
la casa de una voz
que hablaba mucho
pero no los nombraba.
Aprendí a conversar de otras cosas,
a morder la lengua,
a esquivar ciertas palabras.

Estaba acostumbrada
a no pronunciar mi nombre completo,
a partirlo en sílabas
fáciles de tragar.
Omitir mi biografía.
No dejar que todo el color de mis ojos
saliera al mundo,
porque el mundo
no lo deseaba.

Siempre al cincuenta por ciento.

Estaba acostumbrada, al menos,
a intentarlo.
Porque no duraba.
Eventualmente la verdad
se escurría;
salía de mis poros,
cuando estaba excitada;
o la escupía,
en un enunciado directo,
sobre un cuerpo agitado.

Después de eso
todo cambiaba.

Estaba acostumbrada
a que, una vez bien vista,
vista por completo,
desviaran la mirada.

Las ganas de tocarme
se quedaran en las manos
o espumaran en los labios.
Pero el cariño,
la confianza,
la calma,
se evaporaban.

martes, febrero 03, 2026

La playa

Me has dejado como que fui a la playa:
como que el mar me tragó un rato,
me dio muchas vueltas
y me regresó a mi cama.

El sol dándome besitos
en los brazos,
las piernas
y la espalda.

He llegado sonrojada,
cansada.
Con hambre.
Maravillada.

Me has dejado con la mente perdida,
relajada;
el cuerpo agotado,
planeando
la próxima escapada.

martes, enero 27, 2026

Enero dump

La vida, toda vida,
siendo intensa
bonita
y cansada.

Esperando las noches
para llenarlas de lucesitas,
ode pesadillas
o de algunas caricias.

La vida, toda vida.
Con dolor
y pérdidas
y amigos que no se van.

Con un pequeño humano
que me toma de la mano
y pide
que vayamos a caminar.

lunes, enero 26, 2026

So

Así que
me gustas
y no tengo un plan claro
de qué hacer con esto.

Como el tiempo libre
después de la clase de natación:
te dejan nadar sin técnica,
bucear
o solo flotar,
con los músculos cansados
de todo lo demás.

Podría dormir sobre esa agua:
el olor a cloro,
el sonido ahogado.

Duermo sobre este cariño;
también es cálido
y limpio.

martes, enero 20, 2026

Sin nombre

Ya no vienes por aquí.
No es que yo lo sepa
(no tengo forma de saberlo),
es algo que decidí.

Ya no puedo escribirte nada;
tu tiempo en mi vida se agotó.
Y está bien.
Ya no recuerdo tu voz.

Algún día,
en el futuro,
tal vez te sueñe.
Pero despertaré,
tranquila,
de nuevo,
por no tenerte.

jueves, enero 15, 2026

Pero en la noche

Es raro ya no contarte.
Habrías disfrutado esta historia.

En el momento no.
Me verías sonrojado,
perturbado,
pensando
que alguien me manipula.

Pero en la noche.
Entre sábanas frías.

Te la hubieras repetido.
Cambiando la perspectiva.

Imaginando más.
Juntando recuerdos.
Editando los miedos.

La habrías disfrutado.

martes, enero 13, 2026

Raclette

El otro día te vi
y pensé en la raclette.

¿Te he contado la historia de la raclette?
Supongo que no, porque no es una historia de acción.

Hace muchos años, cuando tenía 18, estuve en París porque mis papás me lo pagaron. Estudiaba francés con gente de todos lados y un día un amigo de Guatemala (que me hablaba de usted) me dijo que quería llevarme a un lugar muy lindo.

Era una taberna pequeña en el Barrio Latino donde vendían raclette.
Nunca en mi vida había visto algo así. Cada mesa tenía medio queso enorme y un mini radiador para derretirlo. No había mucha luz, pero los radiadores iluminaban todo con una luz cálida y tenue, como salida de alguna película.

Mi amigo pidió el queso, una charola de carnes frías, otra de verduritas… y supongo que también hubo vino. Fue una de las mejores comidas de mi vida. Estar ahí, derritiendo queso, comiendo pepinillos, hablando de boberías, riéndonos y derritiendo más queso, fue perfecto.

Al salir, marqué la dirección del lugar en mi mapa. 

Luego regresé de París.
Y nunca más volví.
(Ni a Francia, ni a París, ni a la raclette).

Durante un tiempo pensaba en ella solo por antojo. La recordaba como algo que, si bien ya estaba en mi pasado, seguramente también estaría en mi futuro. La arrogancia de vivir del dinero de otros. Guardé el mapa con la dirección y seguí con mi vida.

El tiempo pasó. Viajé a otros lugares, viví otras cosas. Y un día, frente a un asado uruguayo, feliz, comiéndome la mitad del corazón del borreguito que habían sacrificado, recordé la raclette. No por nostalgia ni por antojo, sino porque noté que estaba otra vez en medio de algo lleno de comida, conversación y alegría. El lugar era otro; la emoción, la misma.

Con el tiempo acepté que habían pasado suficientes años como para asumir que probablemente nunca volvería a probar esa raclette: no sabía si el lugar seguía existiendo, si sabría llegar o si sería igual de buena. Pero también había pasado suficiente tiempo como para entender que algunas cosas no se borran fácilmente. Ese día seguía conmigo, y todos los otros momentos acumulados también.

Desde que acepté eso, pienso en la raclette cada vez que estoy frente a un platillo así de bueno, en un lugar hermoso, con personas que me importan. Lo miro como algo único. Algo que hay que disfrutar con atención y gratitud, porque después solo quedará el recuerdo. Y ese sabor exacto (esa combinación precisa de sensaciones, compañía y emoción) no volverá. Nunca.

Sé que la vida es así con todo. Cada vez que me despido de mis papás sé, aunque no lo diga, que podría ser la última vez. Nunca sabemos qué cosas se repetirán.

Pero pensar en la raclette es distinto. Es aceptar que algunas cosas las viviré una sola vez y que, después, solo las llevaré conmigo como recuerdos. Esa certeza me despierta y me obliga a estar presente: disfrutar el momento sabiendo que no será recurrente y que, justamente por eso, es extrañamente más hermoso. Comer sin prisa, poner atención a los sabores y a la charla, vivir por completo esas horas y luego guardarlas.

Siempre me pasó con la comida; supongo que es lo que más me conmueve en la vida.

O me pasaba, al menos, solo con la comida.
Porque el otro día te vi
y pensé en la raclette.

lunes, enero 12, 2026

Hey

Me gusta que me vean
desnuda,
y me gusta que me lean
honesta.

Me gusta que me toques,
y me gusta que me dejes tocar.

Libertad.

Me gusta tu mirada
que regresa.
Tu cara, tus ojos, tu cabello:
lo que ofrezcas.

Uno de esos

Uno de esos días
en los que la vida gira
en un ángulo importante.
Nunca más seré igual.

No todos se enterarán.
Un buen amigo,
una mejor amiga,
dos o tres amantes.

Una de esas noches
en las que dejo que la vida
me mueva como quiera,
como arenita en la marea.

Uno de esos recuerdos
que guardaré
en mi sonrisa,
en mi mirada,
en mi deseo.

sábado, enero 10, 2026

En otras noticias

En otras noticias, 
olvidé comprar cafe, 
y se me ha terminado el papel encerado.
También creo que te he estado amando. 
Un poquito, desde lejos. 
Más en mi mente que en mi cama.

Supongo tendré que volver al súper. 
El papel no importa tanto, 
pero necesito poder despertar 
y tomar café. 
Bueno, no lo necesito. Lo deseo.
Como a ti.

Quisiera tenerte aquí. 
Para poder dejar de pensar. 
Que llegaras con café bueno 
y ganas de charlar
(igual un pan).

Supongo tendré que volver al súper.
Y capaz, 
algún día, 
admitirte lo que siento.

Más lejos

Lo veo tomar la botella y servirse más, 
no sé cuánto ha tomado hoy 
pero sé cuándo la compró 
y puedo ver lo vacía que está.

Mi quijada se tensa, 
y recuerdo a mi dentista burlándose 
porque cuando me pidió que la relajara 
me parecía una tarea imposible.
Mis dientes están rotos por esto.

Había olvidado estos eventos, 
mi mente los borra una vez que terminan.
Una vez que he llorado. 
Pero supongo no los borra del todo, 
porque puedo predecir lo que sigue.

Me dirá que soy inútil 
o encontrará un recuerdo doloroso. 
Hablará mal de alguien que amo, 
o de mi trabajo.

Me pregunto qué habría pasado 
si en lugar de esto hubiera vivido cariño. 
Cómo se sentiría mis tripas antes de dormir.
Qué clase de hombres habría amado.
Elegido, para mí.

Lo veo agitar su vaso. 
Reconozco el sonido de los hielos, 
lo reconozco de siempre. 
Lo odio desde hace tanto.
Capaz por eso rara vez yo tomo tragos.

Ahí.
Tan lleno de lo que sea que lo llena:
Furia, desdén, miedo. 
Tan contagioso.
Tan egoísta. Perdido. Hiriente.

Cómo iba yo a salir normal 
si fue con ese pulso con el que se hicieron mis costuras, 
esas manos las que bordaron los detalles.

Yo, tan llena de lo que sea que me llena.
Furia, ternura, miedo.
Tan aquí enfrente. 
Cuando, supongo, debería estar más lejos.

viernes, enero 09, 2026

Cuánto

¿Cuánto es demasiado de mí?
Aún no sé medir.

Duda

Me preguntó cuánto tardaré en olvidar esto que duele,
pero nunca sabré la respuesta.
Un día voy a despertar,
de nuevo,
con la memoria masticada.
Con nuestra relación intacta.

jueves, enero 08, 2026

No te soñé

No te he soñado 
pero, cuando me despierto en la madrugada,
me cuento historias en las que te hablo.
Supongo eso cuenta,
como algo.

lunes, enero 05, 2026

De alguien normal

Ayer hablé de ti,
de los silencios que debo permitir.
Del espacio que nos damos,
del tiempo que nos hemos tomado.

Ayer contaba cómo te comería de una,
sin masticar.
Pero que la he llevado tranquila,
como alguien normal,
de poquito a poquito.
Lamiditas nada más.

Toca

Toca mi piel en la madrugada,
cuando no está aquí,
cuando no puedo dormir.

Y se siente real,
lo más real.
Constante.
Impresionante.