Mi escrito para Palabras Domingueras; tema: Sin un peso en la cartera

¡Vamos, Dora!
 Adentro de la botarga, calor; pero la hora le pagará 650 pesos a cada uno  y los necesitan. Adentro de la cabeza enorme de Dora, su cabello empapado se pega a su cuello y gotas gordas de sudor se escurren por sus sienes.

Es 29 de abril. Afuera de la botarga unos 200 niños acompañados de sus padres gritan con felicidad y bailan. Están en la plaza del pueblo y hoy, un día antes del día del niño, se les festeja en grande a los pequeños. Rifas, dulces, piñatas y un espectáculo sólo para ellos: Dora, Botas y Diego han venido desde muy lejos a cantarles una hora de canciones.

…tutututu Dora, tutututu Dora. Dora, Dora, Dora exploradora…

Por suerte conoce bien todas las canciones, sabe exactamente cómo bailarlas. Es su primer día haciendo esto, pero ningún niño ha dudado del personaje; le gritan ¡Dora! ¡Vamos Dora! Y  le aplauden sin parar. Minutos antes de la función le explicaron que cada tres o cuatro canciones debía hacer una pausa y agradecer al presidente municipal por haberlos invitado y  recordarle al público sobre las rifas de bicicletas y avalanchas. Le enseñaron a modular su voz para sonar como niña de caricatura.

Adentro de la botarga calma su respiración para poder hablar por el micrófono. ¡Saludos amiguitos! … Da su mensaje y luego sigue bailando otras canciones.

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… ¡Dora, la exploradora!

Por fin los 60 minutos pasan, es todo el tiempo que han sido contratados así que pueden despedirse de los niños. Siente que sus piernas se doblan y teme caerse al bajar del escenario; pero no se cae. Baja y la siguen Diego y Botas, igual de cansados, igual de sudados por dentro; pero 650 pesos bien valen el sudor de una hora.

Abajo del escenario los esperan algunos niños. Se quieren tomar la foto con ellos y ellos deben posar. No era parte del acuerdo con el organizador, pero una vez en disfraz es difícil defenderse de los padres que les arriman a sus hijos y se alejan para hacerle click a la cámara. El organizador, los observa sonriente y después de unas veinte fotos interviene para alejarlos de la muchedumbre. En disfraz, los sube a una camioneta y los lleva al hotel.

Por fin, adentro del vehículo logra quitarse la pesada cabeza de Dora. Su propia cabeza está mareada y empapada en sudor. Mañana lo volverá a hacer; pero por hoy puede descansar. Los llevan hasta el hotel barato en donde los están hospedando; mientras su padre entra al baño para quitarse el disfraz de Diego; ella y su hermano se acuestan en la cama a ver la tele. ¡Dora, la exploradora! – gritan la bocinas del televisor y ella le cambia al canal sin pensarlo.

Su hermano, dos años mayor y aun mitad vestido de Botas le sonríe. Sonrojada y agotada ella devuelve la sonrisa. Lo hicieron bien. Mientras otros niños perdían el día, ellos ganaron mucho dinero, mañana volverán a ganar la misma cantidad y tal vez, si hacen las cosas muy bien, los contraten para algún otro evento. Su padre les prometió no tomar más si le ayudaban un poco en casa, fue un pacto serio entre los tres, y ellos creen que, esta vez, las cosas en verdad cambiarán.