La abuela empezó perdiendo los detalles de sus días.
Olvidaba desayunos, siestas, deseos.
Pero nadie lo notaba,
Olvidaba desayunos, siestas, deseos.
Pero nadie lo notaba,
porque nunca nadie registró lo que comía o cuánto dormía,
mucho menos lo que anhelaba.
mucho menos lo que anhelaba.
La abuela pasó 3 años olvidando por su cuenta.
Sin nadie a quién contarle sobre esa nube en la que vivía,
ese tiempo sin consecuencias;
tardes que llegaban sin aviso,
mañanas que se sentía de varios días,
platillos y personas que se esfumaban.
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